Un cajón de cocina o de armario rara vez está pensado para rollos de cinta. Los anchos cambian, los diámetros también, y al cabo de dos temporadas todo acaba mezclado en el mismo hueco. Las divisiones ajustables en pasos de dos centímetros permiten que un rollo estrecho de raso y uno grueso de tela compartan el mismo cajón sin desplazarse cuando se abre y se cierra.
Cada hueco lleva una ranura lateral donde se sujeta el extremo de la cinta. Es un detalle pequeño, pero evita que el rollo se desenrolle solo y que el lazo quede suelto entre las demás piezas. Cuando toca limpiar, el módulo completo se retira del cajón de una vez, sin desmontar las divisiones una a una ni recolocar cada rollo después.
Con este orden, los lazos y las cintas quedan clasificados por color y anchura. La siguiente celebración empieza con la pieza ya localizada, no con diez minutos de búsqueda.